martes, 31 de marzo de 2009

Y un día volvió Charly



Por Miguel Graziano
Ver también http://nopublicable.blogspot.com

Los diarios digitales comenzaron a anunciarlo en sus portadas, los canales mandaron sus móviles para transmitir en vivo y las radios comenzaron anunciarlo en los noticieros. Vuelve Charly, decían. Y anunciaban que el evento iba a ocurrir apenas unas horas más tarde frente a la Basílica de Luján. Y así fue, a las 18, tan puntual como nunca y tan impresionante como siempre. El regreso se produjo ayer, tras ocho meses de ausencia de los escenarios y el comienzo de un largo tratamiento de rehabilitación por su adicción a las drogas.
Vestido con jean, camisa, saco y corbatín azul –igual que cuando fue a ver a Gasalla al teatro–, Charly García irrumpió en la plaza segundos antes de las 18, a bordo de una combi blanca en la que iba acompañado por su amigo y protector Ramón “Palito” Ortega, quien lo atiende en su quinta de la localidad de Luján.
La banda chilena The Prostitution, con la que toca desde 2001, y el “Zorrito” Fabián Von Quintiero ya habían comenzado a tocar los primeros acordes de “Demoliendo hoteles”, primera canción de una lista que incluyó “Promesas sobre el bidet”, “No me dejan salir”, “Cerca de la revolución”, “Influencia”, “No voy en tren” y el Himno Nacional Argentino.
“Tranquilos que nosotros vamos a seguir rockeando”, dijo a mitad de la presentación, cuando una pequeña avalancha corrió las vallas colocadas alrededor del escenario.
El músico, con varios kilos de más debido al tratamiento para abandonar las adicciones, controlado por el juzgado de María Rosa Bosio, tocó por primera vez desde que causó un escándalo en el Hotel Solar de Mendoza, luego de un concierto, en junio de 2008.
Después aquellos incidentes, Charly estuvo internado en la Clínica Cuyo y se le diagnosticó neumonía. Se lo trasladó luego al hospital Argerich de Buenos Aires, del que trató de escapar cuando no suicidarse. Las autoridades del hospital lo denunciaron ante la Justicia y la jueza Bosio ordenó su internación en la clínica psiquiátrica Dharma, también en Buenos Aires. Evolucionó bien y le dieron permiso para ir a la quinta de Ortega, pero volvió a ser internado en el Sanatorio Güemes cuando se agravó su neumonía. Lo sanaron y volvió a la quinta, donde continúa su tratamiento contra su adicción a las drogas bajo la tutela judicial, hasta que los médicos consideren que está recuperado.
El de ayer fue su primer show, Se lo vio gordo, sedado y lento. “¿Palito le hizo una lobotomía?”, preguntó Luis en Facebook. “Parece De la Rúa”, comentó Marcelo frente a la tele, cuando al terminar el concierto encaraba para cualquier esquina, desorientado. Y, cuando se lo llevaban en andas, uno recordó una escena de The Wall, cuando arrastran por un pasillo a la superestrella de rock en medio de un delirio, agusanándose. Pero no. Era el auténtico Charly sanándose. Y el público, haciéndole el aguante. “Ya se va a poner bien”, aseguró Verónica.

No volvió, lo llevaron
El análisis de Miguel Russo
Sólo Charly puede destruir a Charly. De la misma manera que los analistas mediáticos de turno dijeron que sólo él podía salvarse a sí mismo. Por eso, los pibes y no tan pibes que se juntaron a instancias de TN y Palito Ortega (todo un tándem a estudiar en detalle) frente a la Basílica de Luján o frente a la pantalla del televisor (TN, off course), no vieron la vuelta de Charly sino un simple regreso a un simple escenario. No se trata de que vuelva a ser el Charly que arrancó en 1971, ni el del tercer festival Barock en 1972, ni el del 5 de septiembre de 1975 que dice haber visto todo el mundo en el Luna Park. No se trata de que vuelva a ser el líder de Serú ni el enloquecido solista que rompe todo. No se trata de que vuelva a mostrar nada (menos el culo, a estas alturas y con la milagrosa y tantas veces visitada Luján a sus espaldas). Pero tampoco se trata de mostrar un Charly que habían vendido de otra manera. En estos siglos en los cuales se insiste con eso de la única imagen contra las mil palabras, la imagen de Charly se peleó a muerte con las palabras "está mejor que nunca", "volvió a cantar como los dioses", "etcétera". El oído absoluto desafinó todo lo que pudo y hasta equivocó el tiempo al batir palmas. El teclado estaba como de adorno y los músicos alrededor hacían lo que podían por sostener un mito. No se trata de eso, claro. Charly nunca se trató de eso. No volvió, lo llevaron. Y cuando terminó el himno, equivocó el rumbo como aquel tristísimo De la Rúa, y los asistentes tuvieron que sacarlo casi en vilo por el otro lado, de vuelta a la quinta del Palo. De todos modos, sólo Charly puede destruir sus propias canciones como lo hizo. Sólo él.

Notas publicadas en la sección cultura del diario Diagonales, de La Plata.

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